Entre pipa y tabaco, Absolut y Tampico, me dijo que le gustaría morir estrellado en su auto a gran velocidad o en un tiroteo; no convertirse en un viejo decrépito sinónimo de estorbo e incomodidad, yo también le confesé mi odio a la vejez. Me contó de sus mil y un aventuras y brindó por los nuevos comienzos sin saber que ese nuevo comienzo al siguiente día ya se habría ido. Tal vez fue la canción de John Mayer, tal vez solo es la vida, tal vez solo es el roce con la muerte:
"I'm perfectly lonely, yeah
'cause i don't belong to anyone, nobody belongs to me."
miércoles, 29 de septiembre de 2010
miércoles, 15 de septiembre de 2010
algunas veces yo - moleskine
Ahora que quizás, en un año de calma,
piense: la poesía me sirvió para esto:
no pude ser feliz, ello me fue negado,
pero escribí.
Escribí: fui la víctima
de la mendicidad y el orgullo mezclados
y ajusticié también a unos pocos lectores;
tendía la mano en puertas que nunca, nunca he visto;
una muchacha cayó, en otro mundo, a mis pies.
Pero escribí: tuve esta rara certeza,
la ilusión de tener el mundo entre las manos
-¡qué ilusión más perfecta! como un cristo barroco
con toda su crueldad innecesaria-.
Escribí, mi escritura fue como la maleza
de flores ácimas pero flores en fin,
el pan de cada día de las tierras eriazas:
una caparazón de espinas y raíces.
De la vida tomé todas estas palabras
como un niño oropel, guijarros junto al río:
las cosas de una magia, perfectamente inútiles
pero que siempre vuelven a renovar su encanto.
La especie de locura con que vuela un anciano
detrás de las palomas imitándolas
me fue dada en lugar de servir para algo.
Me condené escribiendo a que todos dudaran
de mi existencia real
(días de mi escritura, solar del extranjero).
Todos los que sirvieron y los que fueron servidos
digo que pasarán porque escribí
y hacerlo significa trabajar con la muerte
codo a codo, robarle unos cuantos secretos.
En su origen el río es una veta de agua
-allí, por un momento, siquiera, en esa altura-
luego, al final, un mar que nadie ve
de los que están braceándose la vida.
Porque escribí fui un odio vergonzante,
pero el mar forma parte de mi escritura misma:
línea de la rompiente en que un verso se espuma
yo puedo reiterar la poesía.
Estuve enfermo, sin lugar a dudas
y no sólo de insomnio,
también de ideas fijas que me hicieron leer
con obscena atención a unos cuantos psicólogos,
pero escribí y el crimen fue menor,
lo pagué verso a verso hasta escribirlo,
porque de la palabra que se ajusta al abismo
surge un poco de oscura inteligencia
y a esa luz muchos monstruos no son ajusticiados.
Porque escribí no estuve en casa del verdugo
ni me deje llevar por el amor a Dios
ni acepté que los hombres fueran dioses
ni me hice desear como escribiente
ni la pobreza me pareció atroz
ni el poder una cosa deseable
ni me lavé ni me ensucié las manos
ni fueron vírgenes mis mejores amigas
ni tuve como amigo a un fariseo
ni a pesar de la cólera
quise desbaratar a mi enemigo.
Pero escribí y me muero por mi cuenta,
porque escribí porque escribí estoy vivo.
"Porque escribí"-Enrique Lihn
piense: la poesía me sirvió para esto:
no pude ser feliz, ello me fue negado,
pero escribí.
Escribí: fui la víctima
de la mendicidad y el orgullo mezclados
y ajusticié también a unos pocos lectores;
tendía la mano en puertas que nunca, nunca he visto;
una muchacha cayó, en otro mundo, a mis pies.
Pero escribí: tuve esta rara certeza,
la ilusión de tener el mundo entre las manos
-¡qué ilusión más perfecta! como un cristo barroco
con toda su crueldad innecesaria-.
Escribí, mi escritura fue como la maleza
de flores ácimas pero flores en fin,
el pan de cada día de las tierras eriazas:
una caparazón de espinas y raíces.
De la vida tomé todas estas palabras
como un niño oropel, guijarros junto al río:
las cosas de una magia, perfectamente inútiles
pero que siempre vuelven a renovar su encanto.
La especie de locura con que vuela un anciano
detrás de las palomas imitándolas
me fue dada en lugar de servir para algo.
Me condené escribiendo a que todos dudaran
de mi existencia real
(días de mi escritura, solar del extranjero).
Todos los que sirvieron y los que fueron servidos
digo que pasarán porque escribí
y hacerlo significa trabajar con la muerte
codo a codo, robarle unos cuantos secretos.
En su origen el río es una veta de agua
-allí, por un momento, siquiera, en esa altura-
luego, al final, un mar que nadie ve
de los que están braceándose la vida.
Porque escribí fui un odio vergonzante,
pero el mar forma parte de mi escritura misma:
línea de la rompiente en que un verso se espuma
yo puedo reiterar la poesía.
Estuve enfermo, sin lugar a dudas
y no sólo de insomnio,
también de ideas fijas que me hicieron leer
con obscena atención a unos cuantos psicólogos,
pero escribí y el crimen fue menor,
lo pagué verso a verso hasta escribirlo,
porque de la palabra que se ajusta al abismo
surge un poco de oscura inteligencia
y a esa luz muchos monstruos no son ajusticiados.
Porque escribí no estuve en casa del verdugo
ni me deje llevar por el amor a Dios
ni acepté que los hombres fueran dioses
ni me hice desear como escribiente
ni la pobreza me pareció atroz
ni el poder una cosa deseable
ni me lavé ni me ensucié las manos
ni fueron vírgenes mis mejores amigas
ni tuve como amigo a un fariseo
ni a pesar de la cólera
quise desbaratar a mi enemigo.
Pero escribí y me muero por mi cuenta,
porque escribí porque escribí estoy vivo.
"Porque escribí"-Enrique Lihn
lunes, 9 de agosto de 2010
moleskine sur - final
solo, solo cuando estás más triste, solo cuando ya no existes, solo cuando alrededor ya no estás, ya te fuiste. te pegaste, te pegaste cual calcomanía, te olvidaste de disimular, ahora ya, te perdiste. y piensas que todo está perdido, que el mundo se va a acabar, que ya no importa nada, y que te vas a morir, que te vas a morir, de cualquier forma. (...) solo, solo con mi sombra solo, solo cuando te me escurres por los ojos, suavemente (...)
maldad
Decirle "te necesito"
a alguien que te necesita
para luego huir
es una maldad
porque generalmente
me necesitan mujeres
que no necesito
Decirle "te quiero abrazar"
a alguien que te quiere abrazar
y luego huir
es doblemente una maldad
porque generalmente
me abrazan mujeres
que no quiero abrazar
a alguien que te necesita
para luego huir
es una maldad
porque generalmente
me necesitan mujeres
que no necesito
Decirle "te quiero abrazar"
a alguien que te quiere abrazar
y luego huir
es doblemente una maldad
porque generalmente
me abrazan mujeres
que no quiero abrazar
sábado, 13 de diciembre de 2008
Lucas
No pudo tocarla. Había avanzado y navegado sobre su suave piel descubriendo lugares secretos y cálidos bajo la sábana de la seudo oscuridad. Y de repente su sangre se congeló. Aquella seudo oscuridad reveló un cuerpo frágil y tierno enrumbándose a la travesía de la excitación y del fracaso. Aquella seudo oscuridad se transformó en una luz cegadora. Lucas sintió que se había convertido en una especie de monstruo y se odió a sí mismo. Sintió que ella no era una víctima. Era algo más, pero no quiso averiguarlo. Había pasado sus días buscando abrigos fugaces y regresando a sus vacíos subterráneos. Había decidido no lastimarse nunca más. Había decidido construir una red y atrapar cuerpos tibios. Se vio desnudo e indefenso y vio ojos y miradas féminas que se multiplicaban llenas de odio, llenas de amor, llenas de desprecio, llenas de cariño. ¿Qué estoy haciendo? Se preguntó en los rincones de su mente. Sus temores se reflejaron en abrazos y delicados besos. Ella no entendía nada. Solo pensaba en huir.
Cuando Beatriz conoció a Lucas pensó que era un tipo interesante. Unos amigos se lo presentaron al encontrarlo paseando solo por la Plaza de Armas. Él se quedó un buen rato con ellos y ella recuerda con claridad que él la llamó malcriada y además le dijo que nunca iba a conseguir nada con esa actitud. Y es que Bea era una chica huraña o al menos esa fue la impresión que le causó a Lucas. No aguantaba bromas y sus respuestas lo molestaban mucho más. Era, de vez en cuando, más sarcástica que él. Y es que cuando te topas con alguien que posee los mismos mecanismos defensivos, la impresión ya no es la misma. O terminas airado o terminas intrigado. Y la intriga te conduce por caminos impredecibles. Los caminos que Beatriz recorrió.
Lucas cantaba covers en una banda de rock y todos los viernes por la noche se presentaba en el bar cultural Next Drink. Había pasado ya casi un año y se sorprendió al ver a Bea en una de las mesas. Sus ojos color miel, su cabello negro y su tez morena siempre hacían una buena combinación. Y sus mejillas de ardilla eran una provocación para saludarla. Mas no la saludó hasta terminado el show. Luego se acercó, se sentó a su lado, probó su mejilla con sus labios y la abrazó. Ella dejó caer su cabeza sobre su pecho y lo cubrió con su pelo. Se abrigó en él como si lo hubiese necesitado desde que lo conoció.
Lucas piensa que el tiempo juega bromas. Piensa que el tiempo te lleva a lugares y momentos ilusorios. Aquellos lugares y momentos que jamás crees que puedan existir, pero que existen por las vueltas que da este perverso esferoide. Piensa que algunas veces llegan en instantes. Y se van. O se quedan. Piensa que se van cuando el sueño ya se dejó de soñar. Y piensa que se quedan cuando el sueño aún perdura. Aún así, es ilusorio, dice.
Tan ilusorio como aquella noche en el hotel.
En la cama los dos yacen desnudos mirándose. Los dos tienen miedo, pero son miedos diferentes. Ambos se gustaron en el pasado y para Lucas fue una ficción. Ahora se encuentran en el presente y él quiere creer que debe seguir siendo una ficción. Por un momento, se niega a creer en eso y cae por el abismo que él mismo ha creado. Ella no cree que sea una ficción, pero también cae por el mismo abismo. Se aferra a él. Lo siente. Se enamora. Se culpa. Se hunde. Ya es tarde y debe marcharse.
En el taxi, llora. Sus lágrimas le duelen. Y sus dedos caen sobre el celular: “No estoy bien… Y fácil yo soy la única que tiene la culpa (por llegar hasta ahí). Pero de verdad no quería solo eso… ¡Adiós! Ya no me quedan muchas ganas de verte.”
Lucas quería decirle que no se despida. Que podía ser la mujer que cambiaría su vida. Pero no lo hizo por miedo. No lo hizo por cobardía.
Jamás la volvió a ver.
(resplandor - Homicida del silencio 30 de nov.)
Cuando Beatriz conoció a Lucas pensó que era un tipo interesante. Unos amigos se lo presentaron al encontrarlo paseando solo por la Plaza de Armas. Él se quedó un buen rato con ellos y ella recuerda con claridad que él la llamó malcriada y además le dijo que nunca iba a conseguir nada con esa actitud. Y es que Bea era una chica huraña o al menos esa fue la impresión que le causó a Lucas. No aguantaba bromas y sus respuestas lo molestaban mucho más. Era, de vez en cuando, más sarcástica que él. Y es que cuando te topas con alguien que posee los mismos mecanismos defensivos, la impresión ya no es la misma. O terminas airado o terminas intrigado. Y la intriga te conduce por caminos impredecibles. Los caminos que Beatriz recorrió.
Lucas cantaba covers en una banda de rock y todos los viernes por la noche se presentaba en el bar cultural Next Drink. Había pasado ya casi un año y se sorprendió al ver a Bea en una de las mesas. Sus ojos color miel, su cabello negro y su tez morena siempre hacían una buena combinación. Y sus mejillas de ardilla eran una provocación para saludarla. Mas no la saludó hasta terminado el show. Luego se acercó, se sentó a su lado, probó su mejilla con sus labios y la abrazó. Ella dejó caer su cabeza sobre su pecho y lo cubrió con su pelo. Se abrigó en él como si lo hubiese necesitado desde que lo conoció.
Lucas piensa que el tiempo juega bromas. Piensa que el tiempo te lleva a lugares y momentos ilusorios. Aquellos lugares y momentos que jamás crees que puedan existir, pero que existen por las vueltas que da este perverso esferoide. Piensa que algunas veces llegan en instantes. Y se van. O se quedan. Piensa que se van cuando el sueño ya se dejó de soñar. Y piensa que se quedan cuando el sueño aún perdura. Aún así, es ilusorio, dice.
Tan ilusorio como aquella noche en el hotel.
En la cama los dos yacen desnudos mirándose. Los dos tienen miedo, pero son miedos diferentes. Ambos se gustaron en el pasado y para Lucas fue una ficción. Ahora se encuentran en el presente y él quiere creer que debe seguir siendo una ficción. Por un momento, se niega a creer en eso y cae por el abismo que él mismo ha creado. Ella no cree que sea una ficción, pero también cae por el mismo abismo. Se aferra a él. Lo siente. Se enamora. Se culpa. Se hunde. Ya es tarde y debe marcharse.
En el taxi, llora. Sus lágrimas le duelen. Y sus dedos caen sobre el celular: “No estoy bien… Y fácil yo soy la única que tiene la culpa (por llegar hasta ahí). Pero de verdad no quería solo eso… ¡Adiós! Ya no me quedan muchas ganas de verte.”
Lucas quería decirle que no se despida. Que podía ser la mujer que cambiaría su vida. Pero no lo hizo por miedo. No lo hizo por cobardía.
Jamás la volvió a ver.
(resplandor - Homicida del silencio 30 de nov.)
Lucas
"Déjame vivir este sueño, el mejor que he tenido... quién sabrá el valor de tus deseos, quién sabrá?" Es una de las canciones de Soda Stereo que coreé junto a uno de mis mejores amigos, esos que conoces sin saber, Gabo. Si no me equivoco fue un 9 de diciembre de 2007 en el Estadio Nacional de Lima. Vinieron muchos temas. Agitados, saltando y cantando junto a miles de fans que formaban una única masa humana. Yo lloré sin vergüenza, sin temor a ser visto por nadie; es que cuando hay una multitud a tu alredor, ninguno sabe que existes.
Pero me perdí muchas tocadas. El tiempo, el trabajo, el dinero, entre otras cosas, impiden acercarse a los ídolos que construiste en algún momento de tu vida. Aquellos que dicen lo que tú no puedes; que cantan lo que tú un día quisiste cantar. Aquellos a los que nadie juzga de locos por revelar lo que tienen en sus huesos. Entre ellos, Paez y Calamaro. No pude cantar junto al primero, "... si alguna vez me cruzas por la calle, regálame tu beso y no te aflijas; si ves que estoy pensando en otra cosa, no es nada malo, es que pasó una brisa; la brisa de la muerte enamorada, que ronda como un ángel asesino; mas no te asustes, siempre se me pasa; es solo la intuición de mi destino". O reflejarne en cadáver exqusito, "... mi vida gira en contradicción, jamás conquisté mi corazón; mas dónde estaba cuando pasó lo que pasó, hablándome al espejo, solo". Y de Calamaro cantar, "Ella dijo ´que te vaya bien´, y le dije ´buena suerte y hasta luego´; y nunca más la volveré a ver, o tal vez sea en algún tiempo". O quizás, "... te quiero, te llevaste la cabeza y me dejaste el sombrero; te quiero, pero te olvidaste abril en el ropero, pero igual te quiero; no me gusta esperar, pero igual te espero; primero, te quiero, igual...". No, no pude cantar; ni con Fito, ni con Andrés. Ni siquiera sé si estuvieron incluidas en su repertorio. Y hace tan solo unos días, el 14 de noviembre, la banda escocesa Travis llegó a Lima junto a REM. Hubiese querido evocar, "Everyday in everyway I´m falling...".
Ahora, quisiera que nadie me juegue una broma de mal gusto. Que nadie me diga que no hay pase en la carretera por la poca materia gris que tienen nuestras autoridades... Nunca pude encontrarme con ellos en Lima. Las pocas veces que llegaron siempre estuve en un tiempo y en un lugar inadecuado. Lucybell. Sí, Lucybell llega a Trujillo. Esta banda chilena opaca el pensamiento antagónico que existe entre ambos países. Y es que en la música, para mí, no existe. La música es universal. Combinación de Lucy y belle. Lucy belle, nombre de la hija de Robin Guthrie y Liz Fraser; guitarrista y cantante, respectivamente, del grupo Cocteau Twins. Los chilenos, admiradores de esta banda escocesa, adoptaron este nombre. Este 13 de diciembre, quiero soñar que podré rasgar mi garganta e inflar mis pulmones para decir, "Sería tan fácil siendo lluvia, solo un roce y tendría que caer... siempre he estado vivo, al menos cuando he logrado llegar, a ver el sabor que dejó el temor de tener que olvidar". O aceptar de una vez por todas, "... quién puede ser la víctima sin ser victimario, secreto calvario... ". Y así, "... mi corazón sin odio y late, mi corazón filtra sangre, mi corazón bombea al viento, todo en calma". Y es probable que mis ojos se escurran cuando suene aquella canción que te dediqué alguna vez, "... al fin creeré que puedes controlar tu paz, seguro que al fin creeré, creeré que puedes salvarme; sonrié, puedes ser mi alma, sonríeme... seguro que tú puedes ser mi alma, calma... al final de mil caminos siempre habrá desvíos; al final de mil caminos, decido, te sigo...". Al final, al final de nuestros caminos, desearía que no hayan más desvíos, "ojos del silencio".
(al final - Homicida del silencio / 18 de nov.)
Es 10 de diciembre y me entero de la postergación del Primer Festival Indie Rock 2008 en Trujillo. No veré a Lucybell. Ya tengo mi entrada en la zona "Mil Caminos"; y además ya he escuchado mil veces sus últimos discos: "Lúmina" y "Comiendo fuego". Siento que es como una señal de mis eternas postergaciones. De mis ansias insatisfechas. Del fuego que se extingue. De las manos que me sueltan. De tu boca que se cierra. Del final del camino...
Pero me perdí muchas tocadas. El tiempo, el trabajo, el dinero, entre otras cosas, impiden acercarse a los ídolos que construiste en algún momento de tu vida. Aquellos que dicen lo que tú no puedes; que cantan lo que tú un día quisiste cantar. Aquellos a los que nadie juzga de locos por revelar lo que tienen en sus huesos. Entre ellos, Paez y Calamaro. No pude cantar junto al primero, "... si alguna vez me cruzas por la calle, regálame tu beso y no te aflijas; si ves que estoy pensando en otra cosa, no es nada malo, es que pasó una brisa; la brisa de la muerte enamorada, que ronda como un ángel asesino; mas no te asustes, siempre se me pasa; es solo la intuición de mi destino". O reflejarne en cadáver exqusito, "... mi vida gira en contradicción, jamás conquisté mi corazón; mas dónde estaba cuando pasó lo que pasó, hablándome al espejo, solo". Y de Calamaro cantar, "Ella dijo ´que te vaya bien´, y le dije ´buena suerte y hasta luego´; y nunca más la volveré a ver, o tal vez sea en algún tiempo". O quizás, "... te quiero, te llevaste la cabeza y me dejaste el sombrero; te quiero, pero te olvidaste abril en el ropero, pero igual te quiero; no me gusta esperar, pero igual te espero; primero, te quiero, igual...". No, no pude cantar; ni con Fito, ni con Andrés. Ni siquiera sé si estuvieron incluidas en su repertorio. Y hace tan solo unos días, el 14 de noviembre, la banda escocesa Travis llegó a Lima junto a REM. Hubiese querido evocar, "Everyday in everyway I´m falling...".
Ahora, quisiera que nadie me juegue una broma de mal gusto. Que nadie me diga que no hay pase en la carretera por la poca materia gris que tienen nuestras autoridades... Nunca pude encontrarme con ellos en Lima. Las pocas veces que llegaron siempre estuve en un tiempo y en un lugar inadecuado. Lucybell. Sí, Lucybell llega a Trujillo. Esta banda chilena opaca el pensamiento antagónico que existe entre ambos países. Y es que en la música, para mí, no existe. La música es universal. Combinación de Lucy y belle. Lucy belle, nombre de la hija de Robin Guthrie y Liz Fraser; guitarrista y cantante, respectivamente, del grupo Cocteau Twins. Los chilenos, admiradores de esta banda escocesa, adoptaron este nombre. Este 13 de diciembre, quiero soñar que podré rasgar mi garganta e inflar mis pulmones para decir, "Sería tan fácil siendo lluvia, solo un roce y tendría que caer... siempre he estado vivo, al menos cuando he logrado llegar, a ver el sabor que dejó el temor de tener que olvidar". O aceptar de una vez por todas, "... quién puede ser la víctima sin ser victimario, secreto calvario... ". Y así, "... mi corazón sin odio y late, mi corazón filtra sangre, mi corazón bombea al viento, todo en calma". Y es probable que mis ojos se escurran cuando suene aquella canción que te dediqué alguna vez, "... al fin creeré que puedes controlar tu paz, seguro que al fin creeré, creeré que puedes salvarme; sonrié, puedes ser mi alma, sonríeme... seguro que tú puedes ser mi alma, calma... al final de mil caminos siempre habrá desvíos; al final de mil caminos, decido, te sigo...". Al final, al final de nuestros caminos, desearía que no hayan más desvíos, "ojos del silencio".
(al final - Homicida del silencio / 18 de nov.)
Es 10 de diciembre y me entero de la postergación del Primer Festival Indie Rock 2008 en Trujillo. No veré a Lucybell. Ya tengo mi entrada en la zona "Mil Caminos"; y además ya he escuchado mil veces sus últimos discos: "Lúmina" y "Comiendo fuego". Siento que es como una señal de mis eternas postergaciones. De mis ansias insatisfechas. Del fuego que se extingue. De las manos que me sueltan. De tu boca que se cierra. Del final del camino...
Lucas
No tengo ganas de salir. He amanecido con una sensación de encapsularme en esta guarida que tengo. Tal vez a quedarme a dormir un poco más o a escuchar música o a leer un libro. El libro de Joseph Conrad, quizás, Corazón de tinieblas, que lo tengo por acá; en el que se basaron para hacer la película Apocalipsis Now. Es que vivo en el cuarto piso de un edificio decadente y me da pereza bajar, creo. Antes vivía en el tercer piso. Además los pasillos al bajar son fríos…, escalinatas de puro cemento y barandas de fierro. Y al salir al exterior tengo que saludar a unas ratas que generalmente están allí por la basura que se acumula en un cuartito que está preparado para arrojarla desde arriba. Huele mal al salir. Bueno, de una u otra manera Fonavi II es una de las mejores zonas aquí, dicen. Imagínate, un costeño viviendo en la sierra, disque por trabajo pero más fue por otras cosas. ¡Carajo!, cómo me gustaría ver la vida como esa familia de campesinos que están afuera sentados en el césped, bajo un árbol. Tienen como cuatro hijos y parece que no les preocupa nada de la vida, parece una locura. Quizás sea porque no sienten la necesidad de proyectarse. No sé. De tener algo más. De ir más allá. No tienen la necesidad, esa necesidad que nos vende la comunicación o los medios; de tener un hogar con la cocina último modelo, un carro; de tener la tranquilidad que te da el dinero, de tener la tranquilidad que te da la estabilidad – ¿y desde cuándo aquello nos da tranquilidad? Qué mierda, para ellos tal vez la vida sea follar, comer, dormir, defecar... Si vienen los hijos, que vengan, pero bueno, vienen, irresponsablemente... - ¿y cuán responsables somos los llamados civilizados, verdad? Al menos no se ven cagados por huevadas existenciales, tal vez estén cagados por huevadas materiales pero básicas, solo para sobrevivir. Uno de los niñitos que ya camina, tendrá tres años, lleva un pantaloncito de lana y se le ve el culo. No tiene calzoncillos. Lleva una manzana a la boca y no está muy limpia que digamos. Usa unos llanquecitos. La mamá todavía está dando de lactar a uno. El papá está tirado, reposando. Quizás después de una jornada de labor o no sé; aunque más parece afectado por el alcohol, con resaca. ¡Qué loco!... Yo me voy a mi trabajo. Y con estas ganas que tengo, creo que no va a ser un buen día. No es un buen día para no tener ganas. Es un buen día, porque hace sol, para ir a caminar. Eso. Me gustaría ir a caminar. A caminar por el campo y sentarme en la hierba y olerla profundamente; y ver el cielo con las nubes blancas antes de que oscurezcan, para sentir que los días no solamente son oscuros y con lluvia – aunque me gusta la lluvia. Pero de vez en cuando hay que sentir que los días son cálidos y con bastante luz y con el sonido, de repente, de las aves. Aquí en la ciudad ya no se escuchan las aves. Solo escucho carros, y ruidos y cláxones, y eso. Definitivamente es un buen día para salir a caminar.
(wasting time - Homicida del silencio / 13 de nov.)
(wasting time - Homicida del silencio / 13 de nov.)
Suscribirse a:
Entradas (Atom)
